Hasta que las urnas nos separen

Horacio Cartes impuso a un mercenario como candidato al cargo de presidente. Un liberal que, en una suerte de oportunismo, decidió cambiar de partido político para aspirar a la más alta representación de los colorados tras las elecciones internas, y de los paraguayos tras las elecciones generales.

Magalí Cáceres, junto al presidente Horacio Cartes // Foto: SNJ

 

No faltará quien alegue que lo importante es la idoneidad, no la militancia. Lo que se lee entre líneas, por tanto, es que, entre los más de dos millones de colorados habilitados para votar, ninguno era idóneo para el cargo y que no hubo más remedio que buscar un mercenario. Los colorados de siempre, los colorados de toda la vida, son todos unos inútiles.

Aunque en política dos más dos no tiene por qué ser cuatro, es inevitable preguntarse si una decisión de tal calibre arrojará consecuencias en las urnas. Porque el motivo del voto en el elector no necesariamente obedece a estar a favor de un candidato, también puede estar motivado por el hecho de estar en contra de otro candidato, o de su patrocinador, como puede ser en este caso.

Como si lo de imponer a Santiago Peña no hubiera sido suficiente, esta semana, Cartes designó a una ministra, también con escasos meses de militancia. Una vez más, entre los colorados que siempre mojaron la camiseta, todos eran unos inútiles y no había nadie idóneo para el cargo, ni entre los oficialistas, ni entre los disidentes.

¿Se le olvida que los que votan en las internas son todos esos colorados?

 

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