Los 9 casos de asesinato por encargo en Coronel Oviedo

  • La ejecución del jefe de seguridad de la Penitenciaría Regional de Coronel Oviedo, Pedro Riquelme, este miércoles 8 de julio, a manos de sicarios, remueve una vez más, la memoria colectiva ovetense.
  • Y es que, esta modalidad criminal, para muchos, de exclusividad en las ciudades fronterizas, en esta parte del país, viene asestando golpes, desde hace al menos tres décadas.
  • Desde los sonados casos de la década del 90′, como el de Wilfrido «Ju’i» Martínez, pasando por los del principio del 2.000; de Víctor Goiris, los de Ricardo Acosta, Carlos Ortega o tentativas recientes, como el del ex juez Pedro David Galeano, tienen un denominador común; la impunidad.

Los matones al sueldos avanzan desde el norte al centro del país || eltiempo.com

El estigma que cargan a cuestas las ciudades fronterizas del Paraguay, como Capitán Bado, Salto del Guairá, Pedro Juan Caballero y otras, tristemente célebres por casos sonados de enfrentamientos criminales, sicariato y homicidios registrados a lo largo de décadas, no es de exclusividad de estas localidades del país, como tampoco refleja, necesariamente, la identidad de sus habitantes, gente afable, laboriosa y muy cordial, que son mayoría absoluta.

Tampoco es desconocido que, otras ciudades del país, también registran este tipo de hechos violentos, de manera menos frecuente quizá, pero, en la misma o mayor proporción tal vez, que en las localidades anteriormente mencionadas, de manera periódica, despertando el temor, escozor e incertidumbre de los más jóvenes, y la memoria de aquellos más añosos, como sucede también, en Coronel Oviedo, capital del Departamento Caaguazú, corazón de la República, a cuánto menos 200 a 400 kilómetros, de las fronteras con países vecinos.

Los registros de este tipo de crímenes en la ciudad no son muy precisos, como tampoco se han borrado fácilmente de la memoria colectiva, ni qué decir, de los familiares y amigos o cercanos de las víctimas fatales, tal es así que, en una retrospectiva de al menos tres décadas atrás siguen volviendo a la memoria, de cuando en cuando y generando la pregunta obligada: ¿Qué pasó con este o aquel caso? ¿Será que hubo condenados por estos crímenes?

La respuesta es casi la misma, sino una sola, para todas estas interrogantes; Nada ha pasado con los casos, poco han avanzado, nadie está condenado y en resumidas cuentas, sigue campeando la impunidad.

Apelando a la memoria periodística y al colectivo de la gente

En una era de globalización, de acceso a información con mayor facilidad y precisión, existen sucesos que se tornan más complicados de «rastrear», pero, intentemos rememorar al menos aquellos, que se resisten un poco más al olvido.

Juan Carlos Martínez

Crimen sobre la doble avenida, Mariscal Estigarribia, casi frente a la ex sede de Radio Coronel Oviedo – RCO 1180 AM, transcurría el año de 1.992, víctima; Juan Carlos Martínez, baleado al interior de su automóvil Volkswagen Gol, cuadrado, color blanco, sindican como supuestos autores a asesinos a sueldo, incluso señalan que su ejecución fue un error, otro era el objetivo estaba en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto. Martínez iba acompañado de su amigo Edgar Villalba, también baleado, hoy es un prestigioso abogado laboralista. Crimen, nunca resuelto.

Wilfrido «Ju’i» Martínez

El más sonado caso quizá, de antes de mediados de la década del 90′, fue el del próspero empresario maderero Wilfrido «Ju’i» Martínez, benefactor social, filántropo, activista, a quien sicarios, a cara descubierta, le dieron muerte una noche de mitad de semana, al interior del céntrico restaurant Nueva Estrella, sobre la ahora avenida San Just (entonces Ayolas) y Carlos A. López (ex Gral. Stroessner), mientras compartía una noche de tertulia con allegados. Ocurrió en el año 1.993, los autores huyeron a bordo de una motocicleta, tampoco se pudo cerrar el caso, con condena alguna.

Víctor Goiris

Tras la cercanía entre uno y otro caso, de los dos anteriores citados, hacia finales de la década, o principio del 2.000 reapareció la modalidad del «crimen por encargo», esta vez, la víctima fue un funcionario de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), Víctor Goiris, antes de iniciar su jornada laboral, ya con el uniforme institucional puesto, varios desconocidos lo ultimaron en Ñurugua, frente a su campo, hasta donde fue para buscar leche, de su producción vacuna, cuando la muerte le llegó imprevistamente, por parte de dos hombres, quienes desaparecieron sin dejar rastro, a bordo de una motocicleta, dejando la incertidumbre e impunidad, hasta hoy día.

Al paso del nuevo milenio, transcurrieron varios años hasta registrarse un nuevo violento suceso, con características similares a las anteriores.

Francisco González Cueto

Un viernes 13 de febrero de 2009, de vuelta sobre la avenida Mariscal Estigarribia, a pasos de la RCO 1180 AM, sicarios daban muerte al ciudadano de origen español Francisco González Cueto, el hombre residía en Paraguay desde 2007, se hallaba envuelto en peripecias legales con su pareja y la familia de esta, al momento del crimen, se encontraba frente a la vivienda que alquilaba, esperando ser recogido por su abogado, Martín Olmedo, para dirigirse hasta el Poder Judicial, para una audiencia, concerniente a su caso, cuando fue ultimado, varios fueron detenidos en este caso, habiéndose dado el procesamiento y condena de los autores del crimen, un par de años después.

Ricardo Acosta

Posteriormente un nuevo sicariato irrumpía en el centro de la ciudad, afectando a una institución pública, el SENEPA, más precisamente a un funcionario, Ricardo Acosta, de alrededor de 35 años de edad, quien arribaba a su lugar de trabajo varios minutos antes de las 07:00 horas del día 23 de junio del 2010, sin testigos incluso, lo balearon en la vereda, varios tiros de arma de fuego acabaron con su vida de manera casi instantánea, rememorando siempre el denominador común con todos los casos precedentes: la falta de resolución judicial, una vez más, quedando impune.

Pedro David Galeano Zelaya

Uno que, vive para contar la historia, es el ex juez de paz de Carayao, Pedro David Galeano Zelaya, quien en la noche del sábado 14 de julio de 2018, al volver a su domicilio, en el barrio Las Mercedes, en compañía de su padre, Pedro Galeano, fueron abordados en el garaje de su domicilio, por un desconocido, quien habría llegado a disparar su arma, no dando con su objetivo, lo que dio tiempo a que el ex magistrado reaccionara, ganándole la mano al «enviado de la muerte», ocasionándole heridas mortales que acabaron con su vida, casi instantáneamente, el malogrado sicario, no portaba documento de identidad, su cuerpo nunca fue reclamado por nadie, incluso, hasta hoy día permanece en la morgue del Hospital Regional de Coronel Oviedo, la causa judicial, con varios ribetes, a casi dos años, sigue sin esclarecerse, a la espera de echar claridad al asunto.

Aldo Líder Aguilar

Con posterioridad, 2019 fue un año agitado para esta modalidad criminal en la ciudad, en la noche del 1 de marzo, detrás del ex Hotel Del Rey, propiedad de los herederos de Wilfrido Martínez, ultimado 26 años antes, era baleado Aldo Líder Aguilar (48), por parte de un desconocido, quien llegó a su casa a bordo de una motocicleta, preguntó por su víctima, éste salió a recibirlo y a cambio lo rociaron con proyectiles de arma de fuego, Aguilar no aguantó, y a las 07:50 horas del 2 de marzo, perdía la vida, el autor, huyó sin dejar rastro, la causa fiscal, no ha avanzado mucho, según informaciones compartidas a los medios de prensa.

Carlos Rafael Ortega

En el último mes del 2019, exactamente en la noche del 5 de diciembre, el connotado profesional abogado, ex magistrado judicial, Carlos Rafael Ortega (48), llegaba a su domicilio del barrio San Isidro, cuando repentinamente dos hombres lo interceptaron en el portón de la vivienda, uno de ellos, descendió de una moto, disparándole a mansalva, varios de los proyectiles impactaron en su cabeza y otras partes del cuerpo, produciéndole heridas graves, que lo llevaron a la muerte, en la madrugada del 6 de diciembre. A la fecha, tampoco se conocen muchos avances de la causa penal, que como los anteriores, podría también ir camino al «opa rei» (término coloquial guaraní, que mejor grafica la impunidad).

Pedro Alcides Riquelme

Ahora, llegamos al 2020, en este fatídico recuento, anhelando positivamente que el asesinato del jefe de seguridad de la Penitenciaría Regional de Coronel Oviedo, Pedro Alcides Riquelme (49), acontecido este miércoles 8 de julio, no pase a formar una cifra más de las frías estadísticas de impunidad en la justicia ovetense y paraguaya.

En contrapartida, deseamos sí, que sea el último registro de este tipo, aunque los recurrentes sucesos que nos conmocionan con cierta periodicidad en la línea de tiempo, nos sorprenden y recuerdan, a veces, la fragilidad de nuestra memoria, el olvido triste en el recuerdo colectivo, el dolor silencioso, de padres, madres, esposas e hijos de aquellos que sucumbieron ante la cobardía de quienes osaron arrebatarles sus vidas, a cambio de efímeras sumas de dinero, dejando como huella, llanto, dolor e impunidad.

Impunidad que a menudo es sinónimo de complicidad, de funcionarios e instituciones lastreadas por serviles a los intereses del crimen organizado, que tal vez, similares a los sicarios, a cambio de unas monedas o quizá, avasallados por el temor a confrontar a estos, se ayiornan a los intereses del «quién paga más», sin importar que detrás de esta indiferencia pagada, queden impunes crímenes de lesa humanidad y abiertas heridas, que difícilmente, sean superadas por las víctimas, que no solo han partido a la eternidad, sino que, muchos de ellos han quedado aquí, en esta vida sufriendo y padeciendo el dolor, por años, e incluso décadas.

De 1.992, donde hay memoria cercana de un caso de sicariato en Coronel Oviedo, hasta el 2020, pasaron 28 años, casi tres décadas, teniendo a la impunidad como una constante, como moneda corriente, omnisciente y pertinente, que nos recuerda que, como muchas cosas en Paraguay, como a veces se repite inmisericordemente, todo tendría un precio, todo, sin importar que, con ello vivamos condenados a la chapucería, la informalidad y poca seriedad, que nos tiene bien ganado el mote de país bananero, el más corrupto quizá de la región, característica que, desconocemos, si hará sentir orgullosos a los cómplices del silencio, desde policías, fiscales y jueces, de nuestra infortunada República.

Editorial elaborado por el periodista y abogado Néstor Castillo, jefe de redacción de Oviedo Press

A partir de sus memorias periodísticas y remisión documental de registros noticiosos digitalizados, de algunos de los casos aquí citados

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