Pese a supuestos avances, la pobreza no se redujo, según el INE
- Aunque la pobreza total bajó del 22,3% al 20,1% en 2024, expertos alertan que esta mejora estadística no refleja una mejora real en la calidad de vida, especialmente debido a la alta informalidad laboral y los ingresos no sostenibles.
- El programa de almuerzo escolar tuvo un impacto significativo en las estadísticas de pobreza, pero los expertos advierten que su eliminación podría llevar a un aumento de los índices de pobreza, al no generar ingresos sostenibles para las familias.
- Las remesas y los programas sociales como Tekoporã y Adulto Mayor representan un porcentaje importante de los ingresos de los hogares más pobres, pero su carácter temporal y no sostenible plantea preocupaciones sobre la estabilidad económica a largo plazo.

En los últimos meses, el Gobierno anunció una disminución en los índices de pobreza monetaria, con una caída significativa del 22,3% en 2023 al 20,1% al cierre de 2024, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Esta mejora estadística fue celebrada por algunos sectores, pero varios expertos advierten que no se debe confundir una reducción en los índices de pobreza con una mejora real en la calidad de vida de los ciudadanos.
El presidente de la República, destacó que su administración logró sacar a 270.000 personas de la pobreza y a 91.000 de la pobreza extrema. Sin embargo, los datos oficiales muestran cifras distintas: 117.000 personas superaron el umbral de pobreza extrema durante el último año. Esta discrepancia entre los anuncios gubernamentales y los números presentados por el INE generaron críticas, cuestionando la credibilidad del Ejecutivo. “La gente ya no le cree al presidente”, señaló el economista Víctor Raúl Benítez en una entrevista subrayó que los avances no son tan significativos en comparación con otros periodos.

A pesar de la disminución en la pobreza total, los expertos advierten que este descenso no es lo suficientemente relevante si se consideran las comparaciones históricas. De acuerdo con Benítez, la reducción de dos puntos porcentuales en pobreza total y 0,6 puntos en pobreza extrema no refleja un avance sustancial. En su análisis, señala que más de 400.000 personas aún no logran cubrir sus necesidades alimentarias básicas, lo que resalta las dificultades persistentes que enfrentan muchas familias.
La economista Marta Coronel, de la Consultora Mentu, también analizó los datos del INE, apuntando que el programa de almuerzo escolar tuvo un impacto considerable en las estadísticas. Este programa, al cubrir una de las comidas básicas de los niños, contribuyó a mejorar los índices de pobreza, pero Coronel advierte que los beneficios podrían ser efímeros si estos apoyos no se mantienen. “El riesgo está en que si se suspenden programas como el almuerzo escolar, podríamos ver un aumento en los niveles de pobreza nuevamente”, señaló.
Un aspecto crucial que los expertos destacan es la dependencia de fuentes de ingresos no sostenibles. Aunque los ingresos laborales constituyen el 84,2% de los ingresos totales de los hogares, el país sigue enfrentando un alto nivel de ocupación informal, que afecta a más del 63% de la fuerza laboral. Este alto porcentaje de trabajadores informales limita el acceso a beneficios laborales, como la seguridad social, y perpetúa la vulnerabilidad económica.
El crecimiento económico en los últimos años tuvo un efecto positivo en diversos sectores, pero según Coronel, este efecto derrame no fue suficiente para generar empleo formal y estable. La economista hizo hincapié en la necesidad urgente de mejorar la infraestructura vial y el acceso a internet para facilitar el crecimiento de las empresas y, en consecuencia, la creación de empleo formal.
Además, las remesas provenientes de familiares que residen fuera del país siguen siendo una fuente importante de ingresos para muchos hogares, especialmente en el primer quintil de la población. Estas remesas representaron en promedio el 2,3% del total de los ingresos nacionales, pero su carácter no sostenible plantea dudas sobre la estabilidad económica a largo plazo de las familias que dependen de ellas.

Por otro lado, los programas sociales como Tekoporã y Adulto Mayor tuvieron un impacto significativo en los hogares más pobres. Estos programas, que representan el 2,0% y el 6,6% de los ingresos, respectivamente, fueron fundamentales para ayudar a las familias a cubrir sus necesidades más básicas. Sin embargo, estos ingresos no son permanentes y dependen de la política pública, lo que genera incertidumbre sobre su continuidad.